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Manifestaciones Carnales de un Espíritu Extraño y Sensual
Realizaremos un exhaustivo análisis en torno a ese espíritu extraño y
carismático que se manifiesta en los círculos pentecostales de nuestros
días. Las claras evidencias que habremos de presentar, confirmarán el hecho
de que nuestras interpretaciones respecto a este asunto son de carácter
indubitable e irrebatible. A los fines de iniciar nuestra argumentación,
hagámonos la siguiente pregunta: ¿Hacia qué resultados o frutos doctrinales
y morales está conduciendo este espíritu carismático a aquellos que lo
reciben? Ciertamente que no es hacia la comprensión del Evangelio Eterno
que el Espíritu Santo nos habría de enseñar conforme a la clara afirmación
hecha por el Señor Jesús en Su Palabra. (Véase Juan 16:13 al respecto.)
I. CONCEPTO
DE LA CARNE EN LA ESCRITURA
El
vocablo carne aparece frecuentemente en
la Escritura para connotar obediencia o conducta del creyente pecador
dirigido por el Espíritu Santo (nótese que estoy señalando hombres que son
dirigidos por el Espíritu Santo, o de lo contrario no tendrían fe). Los
creyentes, u hombres de fe, somos considerados en la Escritura como
carnales, desde nuestro nacimiento (Salmos 51:5) hasta nuestra muerte (1
Corintios 15:43) a pesar de nuestra profesión de fe. El haber alcanzado
fe no altera ese hecho en lo mínimo. Dice Pablo, hablando al respecto:
“...mas yo soy carnal, vendido al pecado” (Ro. 7:14). Nótese el
presente continuo del verbo ser (yo soy); ello significa que Pablo siempre
fue un pecador, desde su nacimiento hasta la hora de su muerte.
Cuando el gran apóstol de los gentiles va a considerar su obediencia y a
compararla con la de otros, nos dice así:
“...Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más...”
(Fil. 3:4). Después de esa aseveración, el apóstol pasa a proclamar su
conducta estableciendo, entre otras cosas, su obediencia a la ley, cuando
dice: “...en cuanto a la justicia que es en
la ley, irreprensible” (Fil. 3:6). Es esa justicia personal y
carnal. Cristo también estableció con anterioridad lo dicho por Pablo,
cuando dijo: “Lo que es nacido de la carne,
carne es...” (Jn. 3:6).
No
hay lugar para dudas, la obediencia del creyente es tenida por una de
carácter carnal o terrenal. Contrario a eso, la obediencia de Cristo es
tenida en la Escritura como “la justicia de
Dios” (véase Romanos 3:21-22 al respecto).
Por
eso el Señor estableció la diferencia entre Él y los hombres
(representados por los fariseos), cuando señaló lo siguiente:
“Vosotros sois de abajo, yo soy de
arriba...” (Jn. 8:23). Obsérvese cómo en ese mismo contexto, un poco
más adelante (versículo 24), le instó a que dependieran de Él y Su
justicia a los fines de que no muriesen en sus pecados. Por consiguiente,
toda justicia proveniente de los hombres (creyentes y no creyentes) es
carnal e inaceptable para los efectos divinos. Por eso el apóstol Pablo
condenó a los israelitas del siguiente modo:
(2)“Porque yo les doy testimonio de que
tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.
(3)Porque
ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se
han sujetado a la justicia de Dios.” (Ro. 10:2-3)
Es muy probable que algunos de los hermanos y amigos lectores
estén pensando en el siguiente argumento a medida que lee los nuestros:
“Pero la obediencia de los fariseos y la de otros, que en la Biblia se
repudia, no es la de creyentes con el Espíritu”. Ese es precisamente el
punto que hemos querido enfatizar en este análisis previo a nuestra
enseñanza (Experiencias Sensuales...). Toda obediencia personal, aun
cuando esta sea inspirada por el Espíritu Santo, queda excluida, es
totalmente carente de valor salvífico y es claramente tenida como carnal,
pues el que la manifiesta y practica (el creyente) no deja de ser vil por
el hecho de haber creído. A ese continuo señalamiento es al que el
Espíritu Santo nos enfrenta: “Y cuando él
venga, convencerá al mundo de pecado...” (Jn. 16:8). Es así como nos
lleva a depender de Cristo y Su justicia personal e intransferible.
No
hay duda, todo cuanto hacemos (nuestra personal obediencia inclusive) es
de carnal origen, y he ahí que en eso consiste la necesidad que todos
tenemos de depender de un fundamento objetivo o evangélico como lo es
Cristo y Su justicia personal e intransferible (véase Primera de Corintios
3:11).
En
conclusión, hemos de señalar que todo espíritu que no confiesa a Jesús
como único y objetivo camino salvífico, es el espíritu del anticristo (1
Jn. 4:1-3).
II.
ENSEÑANZAS SOSTENIDAS POR EL PENTECOSTALISMO
Es
por todos conocido que en el pentecostalismo se está continuamente
enseñando que la salvación es de carácter experimental. A tal punto se
enfatiza que se proclama que para ser salvos hemos de nacer de nuevo,
connotando que nacer de nuevo equivale a que nuestra naturaleza vil queda
neutralizada y ahora podemos vivir de un modo impecable y, por
consiguiente, somos nuevas criaturas en nosotros mismos.
El
catolicismo piensa igual que el pentecostalismo, aunque lo suelen verter
con otras palabras: “Ser justificado es ser hecho justo.” Nótese que en
principio piensan igual y, aunque con palabras distintas, dicen lo mismo.
Veamos un ejemplo a ese respecto:
“El
Espíritu Santo puede dar a los pecadores un nuevo nacimiento a la gracia y
al poder y hacerlos nuevas criaturas con corazones puros y vidas
santificadas. La regeneración por ese Espíritu cambia todas las cosas
[...] pero cuando el poder de la fe entra en nuestros corazones, y por la
dirección del Espíritu aceptamos la soberanía de Cristo en nuestros
corazones, como guía de nuestro espíritu y piloto de nuestro destino,
entonces somos hechos hijos de Dios”
(Walter Mier).
Con
esta cita hemos probado lo anteriormente señalado: El subjetivismo
pentecostal es supremo hasta convertirse en una enseñanza totalmente
antievangélica y evidentemente opuesta al énfasis bíblico de salvación
sólo por Cristo. Nótese cómo en la anterior cita se está colocando el
Espíritu en calidad de coredentor y no de maestro evangélico como la
Escritura señala que operaría.
Es
obvio que el espíritu que conduce de forma posesiva a los congregados en
los círculos pentencostales no les está dirigiendo a depender de la
justicia de Dios en Cristo, y sí para que lo hagan al estilo judaico y
laodicense, en su propia justicia que, como ya hemos establecido, es
inaceptable para Dios y, por consiguiente, es carnal y extraño a la
Palabra. La gran verdad del Evangelio Eterno y su método salvífico, la
representación (uno muriendo en lugar de todos), implica que Cristo, Su
justicia (entiéndase Su obediencia) y Sus actos históricos y objetivos,
constituyen el único fundamento para nuestra salvación. Es Él la única
persona con los atributos necesarios para agradar a Dios. Obsérvese ese
hecho: “He aquí mi siervo, yo le sostendré;
mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento...”
[...]
“...y a otro no daré mi gloria...” (Is. 42:1, 8).
Es
obvio, entonces, que el énfasis subjetivo que de continuo se realiza en el
cristianismo laodicense de nuestros días, y en especial en el
pentecostalismo, es una clara deformación bíblico-evangélica que pone en
clara evidencia a ese espíritu que está conduciendo a una continua
autocontemplación, que es a tal punto perjudicial que nos priva de la
justificación de vida y, por consiguiente, de nuestra participación en el
Nuevo Siglo. Por tanto, sea anatema, no se reciba, pues no es el Espíritu
del Señor.
III. EXPERIENCIAS SENSUALES
Ya
hemos probado, de forma contundente, las desviaciones doctrinales o
herejías que son promovidas por ese espíritu extraño que dirige y sostiene
la Iglesia Pentecostal. Vamos ahora a la prueba moral o sensual, que a
manera de final colofón dará el puntillazo al pentecostalismo o
Falso Profeta.
El
pentecostalismo, obviamente, es crudo y grotesco en todos lo niveles
observables. Lo es en el aspecto de sus himnos, en el aspecto estético,
en el aspecto emocional y en el aspecto ambiental y sensual. Hacia la
prueba de esa realidad es que nos dirigimos, no sin antes ubicarnos en un
contexto bíblico que nos ponga en antecedente.
La
Palabra Inspirada nos enseña que en el cielo se originó una lucha entre
Cristo y Luzbel, que resultó en la expulsión de Luzbel y sus ángeles
caídos del ambiente celestial. Estos fueron arrojados al medio ambiente
terrenal, así lo expresa la Inspiración:
“...¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha
descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo” (Ap.
12:12).
En
referencia a estos ángeles arrojados junto a su líder máximo, Satanás, nos
dice Judas apóstol: “Y a los ángeles que no
guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada...” (Jud.
6). La Biblia es prolífera al señalar que los ángeles caídos se han
pervertido a tal punto que su sensualidad es continua y extrema; por eso
son llamados en Apocalipsis 18:2: “aves aborrecibles e inmundas”. Estos
espíritus inmundos son los que se manifiestan en el mundo y también en los
círculos pentecostales poseyendo a los incautos e ingenuos prosélitos,
dirigiéndolos a una relación de intimidad tal, que es similar a la que
señala Pablo en Romanos 1:24-32. No obstante eso, Dios tiene ahí un
pueblo que protege y cuida para que esos espíritus no los sobrecojan.
Irónicamente, estos protegidos de Dios son llamados por los mismos
pentecostales como “no consagrados pecadores”, que por alguna causa que se
halla en ellos, no reciben dis que el Espíritu. He sabido de muchas
ocasiones que son objeto de señalamiento y acusación por no recibirlo (el
Espíritu). Vayamos ahora a los detalles respecto a este asunto:
A)
Aspecto Concerniente a los himnos
Se
ha podido comprobar, históricamente hablando, que el pueblo israelita
generaba bellos cánticos de alabanza a Dios. Eran sonidos armoniosos y
sublimes, inspirados por un Dios sublime y armonioso. Se dice que los
ángeles cantan y emiten sonidos musicales extraordinariamente bellos. He
ahí el porqué la dulzura y la armonía musical que logran algunos hombres
merece el comentario de: “Cantan como los ángeles”. Las más bellas obras
musicales y espirituales que nos ha legado la historia provienen de
cánticos tenues, apacibles, bellos y armónicos que los hombres han creado,
dirigidos por Dios y para Su gloria y Su honra.
La
música sacra ha recibido las aportaciones de muchos hombres de Dios en el
transcurso de la historia. Bellos y sensibles himnos integran el acervo
himnológico de nuestros días; todos ellos con contenidos muy edificantes
para el alma. Mencionaremos algunos de los más conocidos:
Aunque en esta vida; Noche de Paz; Bajo sus
alas; Castillo fuerte; Santo Espíritu de Cristo; Tal como soy; Eterna roca;
y muchos más cuyas melodías sensibilizan el espíritu y cuyos mensajes
edifican el alma; obviamente inspirados por un Dios sublime y armonioso.
Por
otra parte, no existe en el cristianismo himnos más desacertados y
chabacanos que los himnos pentecostales. Himnos que se caracterizan por
su estridencia, disonancia y sectarismo. Recientemente escuché uno de
tantos, titulado El ticket, que
constituye un extraordinario desacierto melódico y literario, un mensaje
que alcanza niveles de vulgaridad. Este es un tipo de música que provoca
el enardecimiento de los sentidos y un emocionalismo colectivo propio para
provocar un estado anímico que nos predisponga al sensualismo. Entonces,
el desorden es la orden del día; desorden este que es contrario a lo
establecido por la Palabra de Dios. Pablo nos dice:
“pero hágase todo decentemente y con orden”
(1 Co. 14:40). No hay lugar a dudas: son himnos inspirados por un
espíritu extraño y sensual.
B) Se Evidencia un Alto Grado de
Sensualismo
Todos los hombres somos corruptos y sensuales por naturaleza. A pesar de
esa realidad, cuando el hombre de fe es realmente dirigido por Dios, da
evidencias inequívocas de esa relación por medio de un comportamiento
relativamente limpio y justo. La tendencia general del verdadero creyente
es hacia una vivencia socialmente aceptable. Es muy contradictorio,
entonces, que en los círculos pentecostales, donde se reclama la presencia
de Dios por el Espíritu, resulte ser el medio ambiente cristiano donde
mayor incidencia de sensualismo se manifiesta. ¡Qué contrasentido más
extraordinario!, ¿verdad?, salvo que no sea que ese no es el Espíritu del
Señor, y sí un espíritu extraño y ajeno a la Palabra.
Muchos son ya los casos de líderes pentecostales donde estos se ven
envueltos en asuntos de desafuero sensual, propio de hombres dirigidos por
los espíritus de los ángeles caídos, como nos reveló Judas, a quien ya
citamos, aludiendo a ellos por su condición de lascivos y réprobos. Tres
de los más notables casos son los de los evangelistas pentecostales Jimmy
Swaggart , Jim Bakker, Ted Hagard, quienes fueron descubiertos como
personas altamente depravadas y concupiscentes. ¿Acaso no es notable el
hecho de que ambos recibían el espíritu carismático y extraño?
Noten lo que dijo una testigo norteamericana sobre este asunto tan
desagradable: “Cuando yo deseo tener
aventuras sexuales, me dirijo a las Campañas de Swaggart, pues sus
ayudantes ministros siempre están ávidos de tener este tipo de
experiencias sensuales.” Esos y muchísimos otros casos más son
evidencias de la veracidad de nuestras palabras.
El
hermano “X” es un ex pentecostal que ahora colabora con este Movimiento.
Dicho hermano recibía el espíritu extraño del cual hemos venido hablando.
Este hermano nos hizo el siguiente comentario sobre sus experiencias
vividas en ese círculo pentecostal: “Cuando
nosotros recibíamos ese espíritu, nuestro ser se enardecía y,
consecuentemente, éramos por él predispuestos a la búsqueda de
experiencias sensuales. Ver a hermanas contorsionándose con gemidos muy
similares a los que se emiten cuando se está sintiendo un orgasmo, era
para mí algo tan y tan erótico que me imposibilitaba alcanzar la comunión
espiritual que perseguía. De allí salía en absoluta predisposición para
la intimidad sexual. Lo mismo le ocurría a otros hermanos.”
Mi
querido amigo y hermano lector, La Voz del Tercer Ángel está denunciando
ese espíritu extraño y sensual por mandato divino. Es esta una voz de
alerta por parte de Dios para que salgas de Babilonia y no participes de
sus pecados a los fines de que no recibáis de sus plagas. (Véase
Apocalipsis 18:1-4.) Babilonia se ha constituido en albergue de toda ave
inmunda y aborrecible; debes, pues, obedecer a Dios y salir de ahí de
forma apresurada, porque el fin se acerca y las plagas ya están ahí.
¡Escapa por tu vida!, Dios así lo quiere.
LOS
SENSUALES MODERNOS……ENEMIGOS DE LA CRUZ DE CRISTO
“Porque por
ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo dije
llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será
perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que
sólo piensan en lo terrenal”
(Filipenses 2:18-19).
Pocas veces
Pablo habla con el dramatismo con que dice estas palabras de Filipenses.
Él mismo reconoce que las dice llorando. La razón de su dolor es muy
preciso: son los enemigos de la cruz de Cristo. ¿Qué sabemos de ellos?
¿Qué cosa tan grave hacían que provocaron tanto dolor en el amado apóstol?
Dos cosas
se pueden ver en estos versículos como características de esta clase de
cristianos: su sensualidad y su amor al mundo.
Una penetrante visión
“Cuyo dios
es el vientre”
– dice
Pablo. Esto nos habla de personas que viven en deleites, en placeres: la
buena comida y la bebida abundante. ¿Cristianos asiduos de la buena mesa?
¿Cristianos con paladar exquisito? Evidentemente este problema va más allá
de la buena mesa. Tiene que ver también con el buen vivir, con el apego al
confort y a las riquezas. Son los sensuales y sibaritas.
Pablo en
otro lugar identifica esta clase de cristianos como los
“amadores de los deleites más que de Dios”
(2ª Tim.3:4). Pedro también hace referencia a ellos como “los que
tienen por delicia el gozar de los deleites cada día” (2ª Pedro 2:13).
Judas los describe como los “burladores que
andarán según sus malvados deseos ... los sensuales, que no tienen al
Espíritu” (18-19).
Si en los días en que Pablo escribió Filipenses ya existían, en tiempos
posteriores (los de las epístolas de Pedro y Judas) abundaban. En los
postreros días (los nuestros) serán una verdadera plaga.
Al
respecto, un conocido cristiano ha descrito una penetrante visión
profética que parece estar hallando pleno cumplimiento en nuestros días:
“La
tentación número uno para los postreros cristianos será la prosperidad ...
Los postreros cristianos van a ser afligidos por la prosperidad y probados
por ella más que por la pobreza ... Veo a Satanás presentándose delante de
Dios una última vez, como lo hizo para acusar a Job en la Biblia. Pero
esta vez él viene con el propósito de pedir permiso para tentar a los
postreros cristianos:
“Y Jehová
dijo a Satanás: ¿De dónde has venido? Satanás contestó: De rodear la
tierra y de observar a los postreros cristianos. Y Jehová dijo a Satanás:
¿No has considerado a estos cristianos de los últimos tiempos – cuán
consagrados, cuán rectos, cuán temerosos de Dios y amantes de Cristo son?
¿Y cómo tratan de apartarse de tus perversos enredos? Entonces Satanás
respondió a Jehová: Sí, pero quita nada más el vallado con que los has
rodeado. Job no renegaba de ti en su pobreza – pero solamente multiplica
los bienes de todos los postreros cristianos y bendícelos mucho más allá
de todo lo que Job tuvo jamás, y luego mira lo que ocurre. Haz a todos
estos postreros cristianos opulentos como Job. Constrúyeles elegantes
casas nuevas, dales automóviles finos, todo el dinero y todos los
artefactos que necesiten. Abrúmalos con equipos de acampar, lanchas,
viajes por el mundo, ropa fina, comidas exóticas, tenencia de tierras y
cuentas de ahorro. Observa lo que les ocurre a tus cristianos de los
últimos tiempos cuando se lleguen a repletar, a enriquecer, cuando vean
incrementados sus bienes, y no tengan necesidad de nada. Abandonarán a
Dios y se volverán autosufi-cientes.”
“Y yo veo
–continúa el autor– cómo los automóviles, la ropa buena, las motocicletas
y toda clase de bienes materiales llegan a ser, para los cristianos, un
impedimento mayor que las drogas, el sexo o el alcohol. Veo a miles de
cristianos apegados a las cosas materiales y obsesionados por ellas. Se
hallan tan envueltos en las cosas materiales, que se vuelven tibios,
obcecados, débiles y espiritualmente desnudos. Aun estando en medio de
todo su materialismo, son desventurados, miserables y totalmente
descontentos”.
“En mi
visión veo a Satanás parado atrás y riéndose alegremente:
“¡Mira a
todos los cristianos que se vuelven locos por el dinero – a todos los que
amontonan buena ropa! ¡Atacados por la manía de la seguridad! ¡Haciendo
montones de dinero! ¡Comprando todos los muebles nuevos! ¡Adquiriendo
automóviles más grandes! ¡Comprando dos o tres de ellos! ¡Comprando,
plantando, vendiendo, casándose, y divorciándose! Esto arruinó la
generación de Lot. Y te arruinará a ti también. Fíjate cómo todos esos
cristianos que reciben buenos sueldos, que viven una vida cómoda, que
acostumbran comer bien, se vuelven perezosos, tibios, y llegan a ser presa
fácil. Oh Dios: derrama prosperidad sobre ellos. Les está llegando a
muchos de ellos y está haciendo más fácil mi trabajo.” 1
Hemos
transcrito esta larga cita, porque ella nos ahorra muchos comentarios
acerca de la situación de muchos cristianos de hoy.
Afán de prosperidad
En algunos
círculos cristianos la prosperidad ha llegado a ser una bandera de lucha y
un ‘slogan’ de moda. Los que la promueven afirman que los cristianos no
sólo pueden gozar de los bienes materiales, sino que están llamados a ser
ricos, y que la riqueza material es señal inequívoca de prosperidad
espiritual. Consecuentemente, la pobreza es signo de fracaso espiritual y
falta de fe.
Lamentablemente, este afán de prosperidad de ciertos cristianos ha
provocado muchos tropiezos y escándalos. Espacios radiales y televisivos
antes destinados a predicar la preciosa fe de Jesucristo se usan ahora
para poner a prueba la credibilidad de la gente y aun para poner a prueba
a Dios mismo, desafiándolo a bendecir al ministerio de turno. Haciendo mal
uso de algunos versículos de la Escritura hacen hincapié casi en la
obligatoriedad de la riqueza para todo cristiano, contradiciendo
abiertamente el espíritu del evangelio.
Una nueva cruz
Esta
tendencia ha sido denominada por algunos como una “nueva cruz”, fácil,
placentera, acomodada al mundo, encaminada a satisfacer los deseos
carnales y obtener para sus impulsores pingües ganancias.
Por
supuesto, esta cruz no tiene nada que ver con la cruz de Cristo. Esta es
una anti-cruz, y sus seguidores son los mismos “enemigos de la cruz de
Cristo” de los que habló Pablo con tanto dolor.
A.W. Tozer
ha escrito acertadamente acerca de esta “nueva cruz”: “Busca introducirse
en el interés del público mostrando que el cristianismo no tiene
exigencias desagradables; más bien, que ofrece lo mismo que el mundo, sólo
que a un nivel superior. Se demuestra astutamente que, fuere lo que el
mundo enloquecido por el pecado esté exigiendo en este momento, es
exactamente lo mismo que el Evangelio ofrece, sólo que el producto
religioso es mejor ...”
Así, si el
mundo busca con afán las riquezas, porque ellas son signos de inteligencia
y prosperidad, los cristianos también las buscan, pero haciendo uso de la
fe y de la misma Palabra de Dios.
Búsqueda de la felicidad
Más allá de
la búsqueda de la riqueza y la prosperidad hay también algunos otros
síntomas que exhiben los enemigos de la cruz de Cristo. Uno de ellos es la
búsqueda de la felicidad.
El mundo
hoy hace más esfuerzos que nunca para lograr la felicidad. Todo lo que el
hombre ha creado gracias al desarrollo científico y tecnológico procura
otorgar al hombre la felicidad que le es tan esquiva.
Todo el
mundo hoy parece asentir con las enseñanzas del filósofo griego Epicuro,
quien tenía como máxima aspiración la dicha o felicidad. Quienes la buscan
corren el peligro de confundir la felicidad con el sensualismo, y con el
sexualismo, tan en boga hoy.
La búsqueda
de esta clase de placer está también señalado en las Escrituras:
“Tienen los ojos llenos de adulterio, no se
sacian de pecar ... seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones
(lascivia) a los que verdaderamente habían
huido de los que viven en error” (2ª Pedro 2:14,18). Muchos de los que
siguen este camino han caído en la fornicación y el adulterio. Y no sólo
eso, sino que han buscado legitimar sus concupiscencias con la misma
Escritura; el repudio, el divorcio y el concubinato, están adquiriendo
ribetes espantosos aun en ambientes cristianos.
Muchos
hijos de cristianos están lamentando la misma suerte que los hijos del
mundo cuando sus padres de separan por “incompatibilidad de caracteres”, o
por otras excusas tan irrisorias como esa, que no logran esconder una
egolatría superlativa y una sensualidad desatada.
Los
enemigos de la cruz de Cristo no quieren perder su vida en este mundo;
ellos quieren vivir en deleites, disfrutar el día, olvidarse de dolores y
sufrimientos por causa de Cristo. Ellos buscan afanosamente su felicidad
aparte de Cristo, no importando cuántos damnificados vayan quedando a su
paso. Ellos están muy bien disfrutando del mundo, y a su parecer, el Señor
tarda demasiado en volver. Ellos dicen como aquel desaprensivo personaje
de literatura que decía: “¡Tan largo me lo fiáis!”, como una burla por lo
lejano e incierto que está el día de rendir cuentas.
El vientre
es hoy el dios de muchos –como lo fue en los días del apóstol Pablo– y aun
el bajo vientre parece ser el dios de otros muchos que han olvidado las
santas advertencias de las Escrituras, y se han sumido en la
concupiscencia.
¡Que Dios
libre a sus amados de la profana corriente que envuelve al mundo! ¡Para
que nadie tome la corona de los que no han negado su Nombre y que guardan
su palabra!
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