Señales del nuevo nacimiento
"Examínense a ustedes mismos si están en la fe; pruébense a ustedes mismos.
¿O no se conocen a ustedes mismos, que Jesucristo está en ustedes?
- si no acaso están desaprobados."
(2 Cor.13:5)El apóstol Pablo nos exhorta a examinarnos a nosotros mismos. Nadie debe asumir a la ligera que es un cristiano; debe examinarse. Desafortunadamente, la mayoría de las iglesias hoy tienen una práctica diferente. Cuando alguien ha dicho su "oración de entrega", le dicen: "Ahora eres un cristiano, ahora has nacido de nuevo, y nunca más dudes de ello."
- ¡Esto no es lo que la Biblia dice! Si leemos el Nuevo Testamento, encontramos que el nuevo nacimiento es un cambio tan radical de la vida, que va mucho más allá de decir una simple oración. (Puede en algunas oportunidades expresarse en una tal oración; pero esta no es su esencia.) Estamos engañando a nosotros mismos y a todo el mundo, si llamamos "cristiano" a cualquiera que ha "hecho la oración". El Nuevo Testamento nos da unas pautas claras acerca de lo que sucede cuando alguien nace de nuevo. Son estas pautas bíblicas que debemos usar para examinarnos; no lo que enseña la iglesia X o el pastor Z.
Ahora fijémonos que el apóstol dice: "Examínense a ustedes mismos"; no dice "Examínense unos a otros." Yo no puedo ver el corazón de nadie. Yo no puedo decir de nadie con seguridad si es un cristiano o no (en el sentido bíblico). Si a continuación menciono señales bíblicos del nuevo nacimiento, no es para que nos miremos críticamente: "¿Será éste cristiano o no?" Pero es para que cada uno pueda examinarse a sí mismo.
Hablaré entonces de cuatro señales bíblicos, de que alguien ha nacido de nuevo. Uno podrá encontrar otras pautas más, aparte de éstas, pero estas son las que me parecen las más importantes.
1. El que ha nacido de nuevo, tiene "hambre y sed" de las cosas de Dios.
"... Deseen, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcan para salvación, si es que han gustado la benignidad del Señor."
(1 Pedro 2:2-3)
Para un bebé nacido de nuevo, es lo más natural clamar por leche. A un bebé no hay que persuadirlo ni obligarlo a tomar leche; lo hace por sí mismo. Excepto si tiene una enfermedad grave. De la misma manera, para un cristiano nacido de nuevo es lo más natural, clamar por Dios. El contexto de la cita arriba habla sobre todo acerca de la palabra de Dios (vea 1:23-25). El que ha nacido de nuevo, tiene un deseo natural de escuchar y leer lo que Dios le dice. Si alguien no tiene este deseo, o tiene una enfermedad espiritual grave, o no ha nacido de nuevo en absoluto.
Podemos entender con "leche espiritual" también algunas otras cosas: la comunión con Dios en la oración; la comunión con otros cristianos; y todo lo que podemos hacer para servir a Dios. Un cristiano nacido de nuevo tendrá un deseo natural por estas cosas, y no es necesario persuadirlo u obligarlo a ello.
En los círculos donde yo me movía hasta hace algunos años, era una práctica normal, "exhortar" y hasta obligar a los miembros de iglesias a que cumplan sus "deberes cristianos".
Por ejemplo, existía la idea de "ganar puntos ante Dios": "Si quieres ser un buen cristiano y alcanzar un buen lugar en el cielo, entonces tienes que asistir a cada culto de la iglesia, tienes que dar todos tus diezmos, tienes que colaborar en la iglesia, y lo mejor que puedes hacer es volverte pastor o misionero." (Aclaro que las actividades mencionadas no son malas en sí mismo. Pero si se hacen con esta motivación, tengo que poner un gran interrogante.)
También existe la idea del "seguimiento pastoral": El pastor o uno de sus colaboradores recoge al "nuevo convertido" cada domingo para llevarlo a la iglesia, hasta que después de unos meses el "convertido" se ha acostumbrado a venir por sí mismo. Lo involucran en una célula donde se controla semanalmente su asistencia. El pastor lo interroga acerca de su vida privada y lo advierte tajantemente acerca de cualquier área donde podría caer en alguna tentación: "Nunca hables a solas con una mujer." - "Aléjate de todos tus amigos que de vez en cuando toman alcohol." - etc.
También existen las amenazas directas con culpabilidad y castigo: "Si no das el diezmo de todos tus ingresos a la iglesia, estarás bajo una maldición." - "Si sigues cuestionando al pastor, serás expulsado de la iglesia." - etc.
Todos estos métodos contradicen directamente el espíritu y carácter de Jesucristo. En una comunidad de verdaderos cristianos nacidos de nuevo, no hay necesidad de aplicar la manipulación y la obligación. Al contrario: Donde se usan tales métodos, allí tenemos que concluir que la mayoría de los miembros, o la mayoría de los líderes (o ambos), no son cristianos en el sentido bíblico. De la misma manera como daría mucho que pensar, si una madre tuviera que aplicar técnicas de manipulación y fuerza para que su pequeño bebé tome leche.
Repito: Un cristiano nacido de nuevo tiene una "hambre y sed" natural por las cosas de Dios. Si alguien tiene que ser obligado a ello, entonces no ha nacido de nuevo. Y si alguien cree que tiene que obligar o manipular a los demás, entonces todavía no ha entendido lo que es el nuevo nacimiento (y por tanto, posiblemente él mismo tampoco ha nacido de nuevo).
2. El que ha nacido de nuevo, ama a sus hermanos cristianos.
De esto habla Pedro poco antes de la cita anterior:
"Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, ámense unos a otros entrañablemente, de corazón puro, siendo renacidos..."
(1 Pedro 1:22-23)
Notemos el orden de las cosas: Pedro no dice: "Para ser purificados (resp. para ser renacidos), tienen que amarse unos a otros." - Mas bien dice: "Puesto que ustedes ya son purificados y renacidos, ámense ahora unos a otros con el amor fraternal no fingido que Dios ya les ha dado." El amor fraternal y el corazón puro no son cosas que un cristiano tuviera que buscar con muchos esfuerzos forzados. Son cosas que Dios ya puso dentro de él con el nuevo nacimiento. Entonces, si uno encuentra estas cosas dentro de sí, puede concluir con bastante seguridad que ha nacido de nuevo - y si no, tiene que suponer que no ha nacido de nuevo.
Dos puntos me parecen importantes aquí:
- El amor fraternal es sin fingir. Entonces no se refiere a las sonrisas y los abrazos después del servicio dominical. El amor no fingido actúa para el bien de su hermano, sin intenciones ocultas y sin preocuparse por lo que los demás pueden ver o pensar. Un corazón puro no aparenta algo que no es; es abierto y transparente. Esto se expresa no siempre en "amabilidad". El amor no fingido puede también de vez en cuando decir: "Mi hermano, ¡estás muy mal en esto!" - si es para su bien decirlo.
- El amor fraternal cristiano no es lo mismo como el amor al prójimo en general. El amor fraternal cristiano se basa en un "parentesco espiritual": el Espíritu Santo que vive en mí, corresponde al Espíritu Santo que vive en mi hermano.
Charles Finney ha descrito muy bien esta distinción en sus "Exposiciones sobre avivamiento":
"Dios ama a todos los hombres con amor benevolente, pero El no siente un amor agradable hacia aquellos que no están viviendo vidas santas. Los cristianos de la misma manera no podemos mostrar un amor agradable unos a otros si no en proporción a nuestra santidad. Si el amor cristiano es el amor por la imagen de Cristo en su gente, entonces nunca puede estar activo excepto donde esa imagen exista. Una persona debe reflejar la imagen de Cristo y mostrar el Espíritu de Cristo, antes que otros cristianos podamos amarlo con un amor deleitoso.
Es en vano pedir a los cristianos que nos gocemos el uno en el otro cuando no somos espirituales. No encontramos nada en el otro que produzca este amor. ¿Cómo podríamos (en este estado) sentir algo diferente hacia el otro de lo que sentimos por los pecadores? Por saber que ellos pertenecen a la iglesia (...) no se producirá amor cristiano - a menos que veamos en ellos la imagen de Cristo."
3. El que ha nacido de nuevo, no vive en pecado.
"Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en El; y no puede pecar, porque es nacido de Dios."
(1 Juan 3:6-9)
A veces cuando leo estos versículos, la gente no quiere creer que esto está escrito en la Biblia. Aun los evangélicos se han acostumbrado tanto a decir: "Todos somos pecadores." ¡En realidad no existe ningún pasaje del Nuevo Testamento donde los cristianos son llamados "pecadores"! Los cristianos verdaderos son "creyentes", "justos", "santos".
Quizás sea necesario aclarar un posible malentendido acerca del verso 9. Si Juan dice "...no puede pecar", él no quiere decir que un cristiano no podría nunca más cometer un pecado. El sabía bien que aun los cristianos cometen de vez en cuando un pecado. Por eso escribe un poco antes: "Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2:1). Pero para que a nadie se le ocurra pensar que esto es lo normal, él escribe en el mismo versículo: "Hijitos míos, estas cosas les escribo para que no pequen."
O sea, el caso normal es que el cristiano no peca. En el verso 9, en el original griego, el verbo está en la forma del presente continuo, que se traduciría más literalmente: "...no puede pecar continuamente", o: "...no puede vivir en pecado". De vez en cuando sucede que un cristiano comete un pecado. Pero si alguien puede pecar y no le importa mucho; o si alguien no está dispuesto a renunciar a algún pecado en particular; o si alguien peca aun estando consciente de que es pecado - este no es cristiano, según las palabras del apóstol Juan.
Pablo escribe algo parecido:
"¿O no saben ustedes que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se engañen: Ni fornicarios, ni idólatras, ni adúlteros, ni afeminados, ni los que se acuestan con hombres, ni ladrones, ni codiciosos, ni borrachos, ni groseros, ni asaltantes heredarán el reino de Dios. Y algunos eran tales. Pero fueron lavados, fueron santificados, fueron justificados en el nombre del Señor Jesús y en el Espíritu de nuestro Dios."
(1 Corintios 6:9-11)
En la vida de un cristiano hay claramente un "antes" y un "después". Algunos de los corintios eran "antes" pecadores obvios de una de las categorías mencionadas. El pasado "eran" dice que ahora ya no lo son. Fueron liberados del pecado. Si alguien no experimentó este "antes" y "después" en su vida, no es un cristiano según las palabras del apóstol Pablo.
Imagínate que estás caminando por la calle, junto con tu mejor amigo. ¿Le golpearías a tu amigo en la cara, así no más? - ¡Seguro que no! - Piensa ahora: Cada pecado es como un golpe en la cara de Jesús. Si Jesús es tu mejor amigo, entonces con seguridad no harás eso. Para un cristiano verdadero, la presencia de Jesús es tan real como la presencia de las personas visibles. Por tanto, se cuidará mucho de ofender a Jesús. No por un "deber", no por miedo a un castigo, pero porque su amistad con Jesús es realidad.
Por supuesto que tenemos que definir "pecado" de la manera como la Biblia lo define. Sentirse cansado o deprimido no es pecado. Contradecir a un líder, teniendo razones para hacerlo, no es pecado. Faltar un domingo en la iglesia no es pecado. Algunas iglesias llaman "pecado" a muchas cosas que la Biblia no llama así. Pero no hay lugar aquí para ampliar este tema.
4. El que ha nacido de nuevo, tiene dentro de sí el testimonio del Espíritu Santo.
"Porque todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Porque ustedes no recibieron un espíritu de esclavitud para otra vez tener temor, sino recibieron un espíritu de adopción, en el cual llamamos: '¡Abba, oh Padre!' El Espíritu mismo testifica junto con nuestro espíritu que somos niños de Dios."
(Romanos 8:14-16)
El que ha nacido de nuevo, tiene dentro de sí esta confianza como de un niño: "Dios es mi Padre. El me ha adoptado y recibido como Su hijo."
No es fácil describir en qué exactamente consiste este "testimonio del Espíritu Santo". No es (normalmente) una experiencia extraordinaria como una visión o una voz del cielo. (Tales experiencias aun pueden ser falsificaciones desde el mundo espiritual, para dar una falsa seguridad a alguien que no ha nacido de nuevo.) Pero tampoco es un producto de la mente propia o de la imaginación propia, como se dice a veces a algunos convertidos: "Ahora simplemente tienes que creer que eres un hijo de Dios." - No, el testimonio del Espíritu Santo es una seguridad interior que Dios mismo coloca dentro de Sus hijos. El que tiene este testimonio dentro de sí, sabe que esto viene de Dios, no de su propia mente. El que lo ha experimentado, sabe de qué estoy hablando.
Entonces, estos son algunos de los criterios del Nuevo Testamento que podemos aplicar para examinarnos a nosotros mismos:
¿Tengo "hambre y sed" de las cosas de Dios?
¿Tengo en mí un amor no fingido hacia otros hijos de Dios, en quienes Cristo vive igual como en mí?
¿No vivo en pecado; es la presencia de Dios tan real para mí que me retiene del pecar?
¿Tengo en mí el testimonio del Espíritu Santo, de que soy un hijo/una hija de Dios?
Si te das cuenta de que tu vida no corresponde a esta descripción de un cristiano, entonces busca a Dios y no dejes de buscar hasta que lo hayas encontrado. El nuevo nacimiento no es una cosa "común" que se encuentra botado en la calle (ni a precio de baratillo en la iglesia). Pero Dios ha prometido que El se deja encontrar por cada uno que le busca seriamente. Dios dice a través del profeta Isaías:
"A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros un pacto eterno (...) ¡Buscad al Señor mientras puede ser hallado; llamadle en tanto que está cercano! Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Señor..."
(Isaías 55:1-3.6-8)
John Wesley (1703-1791)
El casi-cristiano
Predicado en Oxford, el 25 de julio de 1741
(Traducción ligeramente abreviada)
"Casi me persuades a ser cristiano." (Hechos 26:28)
Y hay muchos que llegan hasta este punto: Desde que el cristianismo está en el mundo, ha habido muchos en cada época y nación, que fueron casi persuadidos a ser cristianos. Pero al ver que no nos sirve para nada ante Dios, llegar solamente a este punto, nos importa mucho considerar:
1. ¿Qué está implicado en ser casi,
2, y ¿qué está implicado en ser completamente, un cristiano?
(I.) 1. En el ser casi un cristiano está implicado, primero, una honestidad pagana.
Aun los paganos comunes esperaban unos de otros cierta honestidad, y muchos la practicaban. Ellos fueron enseñados que no debían ser injustos; que no quiten los bienes de sus prójimos; que no opriman a los pobres; que no usen extorsión contra nadie; que no engañen en los negocios; y, en lo posible, no deber nada a nadie.
2. Además, los paganos comunes estimaban la verdad y la justicia. Por tanto, ellos abominaban al perjurador, al que invocaba a Dios como testigo por una mentira; y también abominaban al que calumniaba a su prójimo y al mentiroso.
3. Y además, ellos esperaban cierto amor y ayuda mutua unos de los otros. Esto incluía alimentar a los hambrientos, vestir a los que no tenían ropa, y en general, dar a los necesitados las cosas que uno mismo no necesitaba. Hasta este punto iba la honestidad pagana, lo primero que está implicado en ser casi un cristiano.
(II.) 4. Una segunda cosa implicada en ser casi un cristiano, es el tener una forma de piedad; de aquella piedad que es prescrita en el evangelio de Cristo; el tener la apariencia exterior de un cristiano verdadero.
Por tanto, el casi-cristiano no hace nada de lo que el evangelio prohibe. No toma el nombre de Dios en vano; bendice y no maldice; no jura, sino su comunicación es sí, sí, no, no. El no profana el día del Señor. El evita todo adulterio, fornicación, impureza, y aun toda palabra o mirada que pueda tener esta tendencia. El se abstiene de toda palabra ociosa, toda malicia, y todo tipo de bromas necias - en breve, de toda conversación que no edifica.
5. El se abstiene del "vino en el cual hay disolución", y de la glotonería. El evita, por cuanto dependa de él, todo conflicto y contención. Y si sufre alguna injusticia, no se venga a sí mismo, ni devuelve mal por mal. En todo lo que hace y dice, actúa según la regla: "Lo que no quieres que los demás te hagan a tí, no les hagas a ellos."
6. El se esfuerza para hacer bien a muchos; todo lo que su mano encuentra a hacer, lo hace con todas sus fuerzas, sea para sus amigos o para sus enemigos. Mientras tiene la oportunidad, hace toda clase de bien, para todos los hombres, tanto para sus almas como para sus cuerpos. El reprende a los malvados, instruye a los ignorantes, anima a los buenos, consuela a los afligidos, despierta a los que duermen, y guía a los que Dios ya despertó a la "fuente abierta para limpar del pecado y de la impureza".
7. El que tiene esta forma de piedad, usa también los medios de la gracia, en todas las oportunidades. Constantemente asiste a la casa de Dios - y esto no con una actitud de vanidad o de indiferencia, sino con seriedad y atención en cada parte del servicio. Especialmente cuando se acerca a la mesa del Señor, lo hace con una actitud que no dice nada más que: "Dios, ¡ten misericordia conmigo, que soy pecador!"
8. A esto añadimos el uso constante de la oración en familia, y los tiempos diarios de pasar tiempo con Dios en privado. El que practica todo esto, tiene la forma de piedad. Y entonces, falta solo una cosa más para que esta persona sea casi un cristiano; y esto es la sinceridad.
(III.) 9. Con sinceridad quiero decir, un verdadero principio interior de religión, de donde fluyen estas acciones exteriores. Y si no tenemos esto, entonces no tenemos honestidad pagana - no en la manera como lo demanda un poeta epicúreo. Aun este pobre perdido, en sus momentos sobrios, es capaz de testificar:
"Los hombres buenos evitan el pecado por amor a la virtud; Los hombres malos evitan el pecado por miedo al castigo."
Entonces, si alguien se abstiene de hacer lo malo, solo para evitar el castigo, el pagano ni siquiera lo toma por un buen hombre.
Entonces, si alguien no solo se abstiene de hacer lo malo, sino hace muchas obras buenas y usa todos los medios de la gracia; pero lo hace solo para no ser castigado, o para no perder a sus amigos o sus bienes o su reputación - de este hombre no podríamos decir que es casi un cristiano; es solo un hipócrita.
10. Por tanto, la sinceridad tiene que estar presente necesariamente en un casi-cristiano; un verdadero deseo de servir a Dios. El casi-cristiano tiene un deseo sincero de agradar a Dios en todas las cosas; en toda su conversación; en todas sus acciones.
11. Ahora probablemente alguien preguntará: "¿Será posible que alguien llegue hasta este punto, y sin embargo, sea solamente casi un cristiano? ¿Qué más, entonces, está implicado en ser completamente un cristiano?"
Yo respondo, Primero, que sí es posible llegar hasta este punto y ser nada más que un casi-cristiano. Esto lo aprendí no solo por la Palabra de Dios, sino también por la experiencia.
12. Hermanos, grande es mi audacia hacia ustedes en este asunto. Y perdónenme esta falta, si yo declaro mi propia locura desde las azoteas, por causa de ustedes y del evangelio. - Permítanme, entonces, hablar libremente de mi propia persona. Yo estoy contento con ser humillado para que ustedes sean exaltados, y con hacerme más vil para la gloria de mi Señor.
13. Yo mismo llegué hasta este punto por muchos años; diligentemente evitando toda maldad, para tener una consciencia completamente limpia; redimiendo el tiempo; usando toda oportunidad para hacer bien a todos los hombres; constantemente usando todos los medios de gracia; esforzándome para actuar con seriedad en todo; y Dios es mi testigo, haciendo todo esto con sinceridad, con un verdadero deseo de servir a Dios, para llegar a la vida eterna. Sin embargo, mi propia consciencia me testifica en el Espíritu Santo, que durante todo ese tiempo yo era solamente un casi-cristiano.
II. A la pregunta, ¿Qué más está implicado en ser un cristiano completo? - yo respondo:
(I.) 1. Primero, el amor a Dios. Porque así dice Su palabra: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas." - Un tal amor es este, que cautiva el corazón entero, que toma posesión de todos los afectos, que llena la capacidad entera del alma, y usa todas sus facultades. El que ama al Señor de esta manera, su espíritu se deleita continuamente en su Salvador, el Señor es su todo, y todos sus deseos son hacia Dios, y su corazón clama todo el tiempo: "¿A quién tengo en el cielo sino a ti? y no deseo nada en la tierra aparte de ti." No puede desear otra cosa, porque "él es crucificado para el mundo, y el mundo para él."
(II.) 2. Lo segundo que está implicado en ser un cristiano completo, es el amor al prójimo. Si alguien pregunta ¿Quién es mi prójimo?, respondemos: Toda persona en el mundo. Ni podemos exceptuar a nuestros enemigos, o a los enemigos de Dios. Cada cristiano les ama a ellos también como a sí mismo, sí, "como Cristo nos amó a nosotros".
El que quisiera comprender más completamente la clase de amor que es este, que considere la descripción por Pablo. Es "sufrido y benigno". "No tiene envidia". "No es jactancioso" - el que ama así, se hace a sí mismo el último y el siervo de todos. El amor "no hace nada indebido", sino se hace "todo para todos". "No busca lo suyo", sino solamente el bien de los demás, para que sean salvos. "El amor no se irrita, no guarda rencor" (el que tiene rencor, tiene falta de amor). "No es malpensado. No se goza de la injusticia, sino se goza de la verdad. Cubre todo, cree todo, espera todo, soporta todo."
(III.) 3. Algo más tenemos que considerar aparte, aunque no se puede separar de lo dicho; y este es el fondo de todo: la fe. Cosas muy excelentes se dicen de ella en la palabra de Dios. "Cada uno que cree", dice el discípulo amado, "es nacido de Dios." - "A los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios." - Y "esta es la victoria que venció al mundo, nuestra fe." - Sí, nuestro Señor mismo declara: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; y no viene en condenación, sino ha pasado de muerte a vida."
4. Pero que nadie engañe a su propia alma. Debemos notar que la fe que no produce arrepentimiento, y amor, y buenas obras, no es esta fe verdadera y viva, sino una fe muerta y diabólica. Pues aun los diablos creen que Cristo nació de una virgen; que El hizo toda clase de milagros; que El sufrió una muerte sumamente dolorosa por nosotros, para redimirnos de la muerte eterna; que El resucitó al tercer día; que El ascendió al cielo y está sentado a la diestra del Padre; y que El regresará al fin del mundo para juzgar a los vivos y a los muertos. Todo esto lo creen los diablos, y todo lo que está escrito en el Antiguo y Nuevo Testamento. Pero con toda esta fe, ellos no son nada más que diablos. Ellos permanecen en su estado condenado porque les falta la verdadera fe cristiana.
5. La verdadera fe cristiana es, no solo creer que las Sagradas Escrituras son verdaderas, sino tener también una confianza segura de ser salvo de la condenación eterna por Cristo. Es una confianza segura que un hombre tiene en Dios, que por los méritos de Cristo, sus pecados son perdonados, y que él es reconciliado al favor de Dios; de lo que sigue un corazón de amor, para obedecer a Sus mandamientos.
6. Ahora, el que tiene esta fe, que purifica el corazón (por el poder de Dios que vive dentro) de orgullo, ira, deseos, de toda injusticia; que lo llena con un amor más fuerte que la muerte, hacia Dios y hacia toda la humanidad; un amor que hace las obras de Dios y se gloría en gastarse y ser gastado a favor de todos los hombres; y que soporta con gozo el reproche por causa de Cristo, el ser ridiculizado, rechazado, y odiado por todos los hombres, y aun todo lo que la sabiduría de Dios permita que le inflijan la malicia de los hombres y de los diablos. El que tiene esta fe, que así obra en amor, es no solo casi, sino completamente un cristiano.
7. ¿Quiénes pueden testificar de esto? - Les imploro, hermanos, en la presencia de Dios ante quien el infierno y la destrucción están descubiertos, y mucho más los corazones de los hombres, que cada uno pregunte a su propio corazón: ¿Soy yo uno de ellos? ¿Practico yo tanta justicia, misericordia y verdad, como lo requieren aun las reglas de la honestidad pagana? ¿Tengo yo por lo menos la forma exterior de un cristiano? ¿Me abstengo de hacer lo malo, de todo lo que está prohibido en la palabra escrita de Dios? ¿Hago yo todo lo bueno que mis manos encuentran a hacer, y lo hago con todas mis fuerzas? ¿Utilizo seriamente todas las ordenanzas de Dios, en todas las oportunidades? ¿Y hago todo esto con un deseo sincero de agradar a Dios en todo?
8. ¿No hay muchos entre ustedes que están conscientes de que nunca llegaron hasta este punto; que ni siquiera son casi-cristianos; que ni siquiera alcanzan al estándar de la honestidad pagana, y mucho menos a la forma de piedad cristiana? - y mucho menos que Dios haya visto sinceridad en ustedes. Ustedes nunca siquiera intentaron dedicar a Su gloria todas sus palabras y obras, sus negocios, estudios, diversiones. Ustedes nunca siquiera deseaban hacer todo lo hacen "en el nombre del Señor Jesús" para que sea "un sacrificio espiritual, aceptable a Dios por Cristo."
9. Pero, suponiendo que hiciste todo esto, ¿las buenas intenciones y los buenos deseos ya hacen un cristiano? De ninguna manera, si las intenciones no se cumplen. Alguien dijo: "El camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones." Entonces, permanece la pregunta más grande de todas. ¿Está el amor de Dios derramado en tu corazón? ¿Puedes clamar: "Mi Dios, y mi todo"? ¿Deseas nada más que a El? ¿Te deleitas en Dios? ¿Es El tu gloria, tu delicia, tu corona de gozo? ¿Y está este mandamiento escrito en tu corazón: "El que ama a Dios, que ame también a su hermano"? ¿Amas a tu prójimo como a ti mismo? ¿Amas a cada persona, aun a tus enemigos, aun a los enemigos de Dios, como a tu propia alma? ¿como Cristo te amó a ti? ¿Y crees que Cristo te amó a ti, y se dio a sí mismo por ti? ¿Tienes fe en Su sangre? ¿Crees que el Cordero de Dios quitó tus pecados, y los echó a lo más profundo del mar? ¿que El borró la acusación que estaba en tu contra, la quitó y la clavó a la cruz? ¿Tienes realmente la redención por Su sangre, la remisión de tus pecados? ¿Y testifica Su Espíritu con tu espíritu, de que eres un hijo de Dios?
10. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que ahora está parado en medio nuestro, sabe, que si alguien muere sin esta fe y este amor, mejor le sería que nunca hubiera nacido. Despierta, por tanto, tu que duermes, e invoca a tu Dios: llámale el día que puede ser encontrado. No le des reposo hasta que El haga "pasar Su bondad delante de ti", hasta que El proclame sobre ti el nombre del Señor, "El Señor, el Señor Dios, misericordioso y lleno de gracia, tardo para la ira, y grande en bondad y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado."
No dejes que nadie te persuada con palabras vanas, que te contentes con algo menos que este premio de tu llamado sublime. Pero clama de día y de noche a Aquel quien, "mientras nosotros éramos débiles, murió por los impíos"; hasta que tú sepas en quien has creído, y puedas decir: "¡Mi Señor y mi Dios!" - Recuérdate de orar siempre y no debilitarte, hasta que tú también puedas alzar tu mano al cielo y declarar al que vive por siempre: "Señor, tú sabes todo, tú sabes que yo te amo."
11. Así, ¡que todos nosotros podamos experimentar lo que es, ser no solamente casi, sino completamente cristianos; ser justificados gratuitamente por Su gracia, por la redención que está en Jesús; saber que tenemos paz con Dios por Jesucristo; gozarnos en la esperanza de la gloria de Dios; y tener el amor de Dios derramado en nuestros corazones, por el Espíritu Santo que nos fue dado!
Charles G. Finney
Persistir en cualquier forma de pecado es fatal para el alma
Publicado en "The Oberlin Evangelist", 1861
(Traducción abreviada)
"El que guarda la ley entera, pero ofiende en un solo punto, es culpable de todos." (Stgo.2:10)
"El que es injusto en lo muy poco, es también injusto en lo mucho." (Luc.16:10)
Partiendo de estas palabras, voy a inquirir:
I. ¿Qué es persistir en pecado?
1. Persistir en pecado es, no abandonarlo.
Si alguien cae en un pecado (cualquier forma de pecado) solo ocasionalmente, bajo la fuerza de la tentación, y después se arrepiente y lo abandona por un tiempo, y solo ocasionalmente es vencido por una tentación para cometer esta forma de pecado, entonces no sería apropiado decir que está persistiendo en ello. Porque en este caso, él no está deseoso, o obstinado, o habitual, en cometer este pecado; sino es accidental en el sentido de que la tentación de vez en cuando le vence, a pesar de su rechazo y resistencia habitual contra este pecado.
Pero si comete el pecado de manera habitual, lo considera algo que puede permitir o tolerar - entonces persiste en el pecado.
2. Persistir en un pecado es, aunque el pecado no se vuelva a repetir, si uno no lo confiesa debidamente. Una persona podría ser culpable de un gran pecado que nunca más repite; sin embargo, mientras descuida o rehúsa confesar este pecado, sigue no arrepentido en su consciencia, y en este sentido, sigue persistiendo en este pecado. Si el pecado fue en agravio de alguna persona o personas, y no es confesado debidamente a las personas agravadas, es persistido en el pecado.
Si alguien de ustedes hubiera calumniado gravemente a su prójimo, entonces no sería suficiente simplemente abstenerse de calumniar más. El pecado no está abandonado hasta que sea confesado, y la restitución hecha, hasta donde fuera posible. Si el pecado no es confesado, se permite que el perjuicio siga obrando; y por tanto el pecado es virtualmente repetido, y por tanto, persistido en ello.
3. Persistir en un pecado es, no haber hecho la restitución apropiada. Si Ud. ha hecho daño a una persona, y tiene la posibilidad de hacerle restitución, entonces, mientras Ud. descuida o rehúsa hacer la restitución, Ud. no ha abandonado el pecado, sino persiste en ello. Supongamos que alguien le robó algo, y se comprometió a nunca más volver a hacerlo; pero se niega a hacer restitución y a devolverle el objeto robado - por supuesto que todavía persiste en este pecado, y permite que el perjuicio continúe.
Una vez tuve una conversación con un joven acerca de este mismo asunto: El estaba acostumbrado a robar. El trabajaba en un negocio donde tenía la posibilidad de robar pequeñas sumas de dinero, y había hecho esto repetidas veces. Después se decidió volverse cristiano, pero no hizo restitución. En la Biblia encontró el texto: "El que robaba, que no robe más." Entonces decidió ya no robar, y dio el asunto por resuelto. Pero no pudo encontrar ninguna evidencia de que Dios le hubiera aceptado - es que Dios no le podía aceptar. Aunque él se halagaba a sí mismo de que era un cristiano por mucho tiempo, solo despertó cuando escuchó una prédica acerca de la confesión y la restitución. Entonces vino a mí para conversar conmigo.
Le dije que él tenía que devolver el dinero robado, hasta donde estaba en su poder; de otro modo no podía ser perdonado. Pero observe su perversión de las Escrituras. Por supuesto es el deber de un ladrón, dejar de robar; pero esto no es todo. También tiene que devolver lo que robó. Esta es una enseñanza clara de las Escrituras, y también de la razón y de la consciencia.
II. Ahora llego a la enseñanza principal de nuestros textos - que persistir en cualquier forma de pecado es fatal para el alma.
Esto es, es imposible que alguien sea salvo, mientras continúa cometiendo cualquier forma de pecado consciente.
1. Es fatal para el alma, porque cualquier forma de pecado en la que alguien persiste, es una violación del espíritu de la Ley entera. El texto en Santiago aclara esto: "El que guarda la ley entera, pero ofiende en un solo punto, es culpable de todos." La Ley requiere un amor supremo hacia Dios, y el mismo amor por nuestros prójimos.
Ahora, el pecado es egoísmo, y siempre prefiere el interés propio y la gratificación propia, antes que la obediencia hacia Dios o nuestro deber hacia nuestros prójimos.
Entonces, cualquiera que habitualmente se prefiere a sí mismo antes que a Dios, o es egoísta respecto a sus prójimos, seguramente no puede ser un cristiano. Si en alguna cosa él viola la ley del amor, entonces quebranta el espíritu de la Ley entera, y está viviendo en pecado.
2. La persistencia en cualquier forma de pecado no puede coexistir con el amor supremo hacia Dios, o con el mismo amor hacia nuestros prójimos. Si amamos a Dios más que a nosotros mismos, entonces no podemos desagradar a Dios, a sabiendas y habitualmente, para agradarnos a nosotros mismos.
Si amamos a alguien por encima de todo, entonces deseamos agradarle por encima de todo. Si deseamos agradarnos a nosotros mismos por encima de todo, entonces nos amamos a nosotros mismos por encima de todo. Si amamos a Dios por encima de todo, entonces deseamos agradarle a El por encima de todo; y por tanto no podemos consentir en desagradarle.
Bajo la fuerza de una tentación poderosa que divierte y distrae la mente, una persona que ama a Dios podría ser inducida a cometer un pecado ocasional, y podría desagradar a Dios ocasionalmente.
Pero si ama a Dios por encima de todo, entonces hará esto solo bajo la presión de una tentación presente y poderosa que divierte su atención y distrae la mente. Entonces este pecado no puede ser habitual; y ninguna forma de pecado puede dominarle habitualmente, si es verdaderamente un cristiano.
3. El texto en Santiago afirma que es imposible verdaderamente obedecer en una cosa, y persistir en desobediencia en otra cosa, al mismo tiempo. Muchos caen en este error, de pensar que pueden realmente obedecer a Dios en un espíritu de obediencia en algunas cosas, mientras al mismo tiempo le niegan la obediencia en algunas otras cosas; en otras palabras, que pueden obedecer a un mandamiento y desobedecer a otro al mismo tiempo - que pueden cumplir con un deber de manera aceptable, y al mismo tiempo rehusar otros deberes.
El texto en Santiago está diseñado exactamente para contradecir esta idea. Dice claramente que la desobediencia en un punto es completamente inconsistente con la verdadera obediencia en cualquier otro respecto; en otras palabras, nadie puede obedecer en una cosa y al mismo tiempo desobedecer en otra cosa.
Cuántas personas se permiten "pecados pequeños", como lo llaman, y piensan que son demasiado honestos para cometer algún gran delito. Ambos nuestros textos realmente contradicen este punto de vista: "El que es injusto en lo muy poco, también es injusto en lo mucho." - Si alguien cede a una pequeña tentación para cometer lo que llama "un pecado pequeño", ¿qué le impedirá ceder a una tentación grande? Quizás se abstiene de pecados grandes por el miedo a la desgracia o al castigo; pero no porque ama a Dios. Si no ama a Dios lo suficiente para guardarse de las tentaciones pequeñas, seguramente no le ama lo suficiente para guardarse de las tentaciones grandes.
Cuántos son que continuamente se permiten a sí mismos pequeñas deshonestidades, pequeños engaños en los negocios, y "mentiras blancas"; y creen que son cristianos. Esto en un engaño asqueroso; es fatal. Que todos los tales sean advertidos, y lo entiendan.
Pero, 4. la verdadera obediencia hacia Dios incluye la consideración suprema de Su autoridad.
Ahora, si alguien tiene suprema consideración por la autoridad de Dios en alguna cosa, se someterá bajo Su autoridad en todo.
Pero si está dispuesto en este momento a actuar en contra de la autoridad de Dios en alguna cosa, entonces no puede ser aceptado en nada; porque si rechaza la autoridad de Dios en alguna cosa, tampoco la acepta apropiadamente en alguna otra cosa. Por tanto, si la obediencia hacia Dios debe ser real, entonces debe extenderse a todo lo que uno sabe que es la voluntad de Dios.
5. Persistir en un pecado es fatal para el alma, porque es un rechazo de la autoridad entera de Dios. Si alguien viola a sabiendas alguno de los mandamientos de Dios, entonces rechaza la autoridad de Dios; y entonces rechaza Su autoridad en respecto a todas las cosas. Entonces, aunque parezca obedecer en otras cosas, es solo la apariencia de obediencia, y no una obediencia verdadera. Está actuando desde una motivación equivocada en aquellos casos donde parece obedecer. Con seguridad no actúa por respeto supremo hacia la autoridad de Dios, y por tanto, no le obedece verdaderamente. Pero seguramente, alguien que rechaza la autoridad entera de Dios, no puede ser salvo.
Temo que es muy común hacer un error fatal aquí; muchos suponen que son aceptados en su obediencia en general, aunque en algunas cosas ellos habitualmente descuidan o rehúsan cumplir su deber.
Ellos viven (y saben que viven) en la omisión habitual de algún deber, o en la violación habitual de sus conciencias acerca de algún punto; y sin embargo mantienen tanto su forma de religión, y cumplen tantos deberes, que creen que esto compensará el pecado en el cual persisten.
Ellos dicen: "Cierto, yo sé que estoy descuidando este deber; sé que estoy violando mi conciencia en este asunto - pero yo hago tantas otras cosas que son mi deber, que tengo buena razón para creer que soy un cristiano."
Este es un engaño fatal. Tales personas están completamente engañados al suponer que realmente obedecen a Dios en algo. "El que es injusto en lo muy poco, también es injusto en lo mucho", y "él que guarda la ley entera, pero ofiende en un solo punto, es culpable de todos."
6. Persistir en cualquier forma de pecado es fatal para el alma, porque es inconsistente con un verdadero arrepentimiento. El pecado, no importa cuan grande, será perdonado al arrepentirse. Pero ¿qué es el arrepentimiento? No es solo sentir pena por el pecado; más bien es renunciar al pecado de corazón. Es abandonar el pecado, todo pecado, de corazón; es el rechazo del pecado porque es esta cosa abominable que Dios odia; es volver el corazón desde el agradar a si mismo hacia el amor supremo por Dios y amor igual por todos nuestros prójimos; es una reforma del corazón. Ahora, mientras alguien persiste en pecado y no lo abandona, no puede haber arrepentimiento verdadero; pues, con todo, prefiere este pecado antes que la voluntad de Dios. Por tanto, no hay verdadero arrepentimiento hasta que todo pecado conocido sea completamente abandonado.
7. Persistir en cualquier forma de pecado es fatal para el alma, porque es extremamente inconsistente con la fe que salva. Aquella fe es la fe que salva, que efectivamente nos salva del pecado; y ninguna otra fe puede salvarnos. Solo aquella fe justifica, que santifica. La verdadera fe obra en amor; purifica el corazón; vence el mundo. Que nadie suponga que su fe le justifique, cuando de hecho no le salva del cometer pecado; porque no puede ser justificado mientras persiste en cometer algún pecado consciente. Si su fe no purifica su corazón, si no vence al mundo y vence sus pecados, nunca le puede salvar.
8. Persistir en cualquier forma de pecado es fatal para el alma, porque resiste al poder del evangelio. El evangelio no salva a aquel que no santifica. Si el pecado en cualquier forma resiste al poder salvífico del evangelio; si el pecado no se rinde bajo la influencia del evangelio; si alguien persiste en el pecado a pesar de todo el poder del evangelio en el alma; entonces, por supuesto, el evangelio no salva, y no puede salvar, aquel alma. Tal pecado es fatal.
9. Persistir en cualquier forma de pecado es fatal para el alma, porque la gracia del evangelio no puede perdonar lo que no puede erradicar.
Como ya dije, un pecado no puede ser perdonado mientras uno persiste en ello. Algunas personas parecen asumir que, aunque persisten en muchos pecados, la gracia de Dios perdonará aun estos pecados que no puede erradicar. Pero esto es un gran error. La Biblia enseña explícitamente esto: que si el evangelio no puede erradicar un pecado, nunca puede salvar el alma de las consecuencias de este pecado.
Realmente, yo comprendo que el evangelio enseña que los hombres son salvos del pecado primero, y en consecuencia, del infierno; y que no son salvos del infierno mientras todavía no son salvos del pecado. Cristo santifica cuando salva. Y este es el primerísimo elemento de la salvación, la salvación del pecado. "Llamarás su nombre Jesús", dijo el ángel, "porque él salvará a su pueblo de sus pecados." - "Habiendo levantado a su Hijo Jesús", dice el apóstol, "le envió para bendecirles al apartar a cada uno de vosotros de sus iniquidades." (Hech.3:26)
Que nadie espere ser salvo del infierno, excepto que la gracia del evangelio le salve primero del pecado.
10. Aun si el evangelio perdonara pecados que no erradicó, esto no salvaría el alma.
Supongamos que Dios no castigaría el pecado; - aun así, si el alma permanece en la auto-condenación de su pecado, su salvación es naturalmente imposible. El perdón no le serviría al pecador para nada, si permanece bajo esta auto-condenación. Esto es claro. Por tanto, que nadie piense que puede ser salvo mientras sus pecados no sean vencidos por la gracia del evangelio.
11. El pecado es uno solo en su espíritu y raíz. Consiste en preferirse a uno mismo antes que a Dios.
Por tanto, si uno persiste en cualquier forma de preferirse a sí mismo antes que a Dios, no ha abandonado en verdad ningún pecado; no ama a Dios por encima de todo; y en este caso, el alma no puede ser salvo de ninguna manera.
Arrepentimiento - ¿falso o verdadero?
"Arrepiéntanse, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo." (Pedro en Pentecostés, Hechos 2:38)
"¡Generación de víboras! ¿Quién les enseñó que puedan huir de la ira venidera? Hagan pues frutos dignos de arrepentimiento, y no piensen decir dentro de ustedes mismos: 'A Abraham tenemos por padre'; porque yo les digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego." (Juan el Bautista, Mateo 3:7-10)
El arrepentimiento es indispensable para nacer de nuevo y ser cristiano. Sin arrepentimiento no hay perdón de los pecados, y no hay salvación. ¡Cuán importante es entonces entender qué es el arrepentimiento! - Desafortunadamente, las iglesias de hoy han diluido tanto el significado de esta palabra, que casi cualquier pecador puede decir que se ha "arrepentido", y los hermanos en las iglesias se lo creen.
¿Qué NO es el arrepentimiento?
Deseo primero enumerar algunas acciones que en las iglesias pasan por arrepentimiento, pero NO lo son.
- Repetir una "oración de entrega" y decir: "Señor, perdóname todos mis pecados."
Las personas que hacen esto, normalmente lo hacen porque algún líder de la iglesia les dijo que lo hagan. Entonces, este "arrepentimiento" no nació dentro de ellos mismos. Pregunta a cualquiera de estas personas: "¿Qué pecados en particular deseas que el Señor te perdone?" - Normalmente no sabrán nombrar ni uno solo; en realidad no están conscientes de sus pecados. Y aun si saben decir por ejemplo que han mentido o que han robado, no lo toman tan en serío: mañana serán capaces de volver a cometer el mismo pecado. Esto no es arrepentimiento.
- Lo mismo, pero clamando a alta voz y echando lágrimas.
Algunos buenos hermanos creen que las lágrimas son una señal de un arrepentimiento verdadero. (Que lo sustenten con un pasaje Bíblico, si pueden.) ¡Están equivocados! Muchas personas echan lágrimas solo por un "efecto de imitación": han visto que otros lloran, entonces piensan que ellos tienen que hacerlo también. - Personalmente tuve varios encuentros con personas que habían cometido un pecado, y se acercaron llorando, pidiendo perdón y asegurando: "Le voy a decir toda la verdad"; pero resultó que las cosas que dijeron así con lágrimas, eran todas mentiras.
- Ir adelante en la iglesia, arrodillarse y decir una oración de entrega.
Como los anteriores, esto es solo un ritual exterior. Pero el arrepentimiento verdadero no es asunto de lo que hacemos por fuera; es un asunto del corazón y de un cambio en la vida.
- Confesar los pecados que cometiste, y pedir perdón por ellos.
Ahora ya llegamos un paso más cerca. Esta persona por lo menos reconoce abiertamente lo que hizo, y reconoce que estaba mal. Pero ¿es esto ya el arrepentimiento? - Un asesino ante el juez hará lo mismo, si las pruebas en su contra tienen suficiente peso. Pero lo hará solamente porque sabe que si confiesa, su sentencia será menos severa. No lo hace por estar realmente arrepentido, sino para escapar de un apuro. - De la misma manera, algunos pecadores confiesan sus pecados cuando son descubiertos, porque saben que así quizás pueden evitar una disciplina o algún otro problema. Si este es el motivo, entonces ¡no es arrepentimiento!
- Estar triste porque se descubrió un pecado tuyo.
La tristeza realmente es una parte del verdadero arrepentimiento. Pero ¿es suficiente? - Tenemos que preguntar por qué estás triste. ¿Estás triste porque sientes vergüenza, porque quedaste descubierto como pecador, o porque tu conciencia te acusa? Claro que todo esto te hace sentir mal - pero todavía no es arrepentimiento. Hazte esta pregunta: ¿Sentirías la misma tristeza si nadie supiera de tu pecado?
El asunto verdadero es que tu pecado ofende a Dios. Es por causa de Dios que debes arrepentirte; no por causa de tus hermanos, ni por causa de tu propia vergüenza que sientes. - Incluso podrías decidir no volver a cometer el pecado; pero si es solamente para ya no sentirte mal, todavía no es arrepentimiento verdadero. Mientras no has comprendido cuánto has ofendido a Dios con tu pecado, y cuán importante es Su honra, entonces todavía no te has arrepentido de verdad.
¿Qué es entonces el arrepentimiento?
En el idioma griego del Nuevo Testamento existen dos palabras que son traducidas con "arrepentirse", y cada una de estas palabras nos enseña algo sobre su significado verdadero:
"epistrefo" = "volver, dar media vuelta".
Aquí podemos imaginarnos una persona que está caminando hacia un abismo. Está avanzando en el camino del mal, y va rumbo a la perdición. La persona que dice "Señor, perdóname todos mis pecados", es como alguien que camina en este camino malo, de vez en cuando dice "Señor, perdóname", pero sigue caminando hacia el abismo. La persona que reconoce y confiesa sus pecados, pero no hace nada más, es como alguien que se detiene en el camino malo, pero se queda parado allí (y después de algún tiempo, quizás sigue caminando hacia el abismo).
El verdadero arrepentimiento significa caminar en la dirección opuesta. La Palabra de Dios dice: "El que encubre sus pecados no prosperará; pero el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia." (Prov. 28:13) No es suficiente confesar el pecado; es necesario apartarse se él, o sea, ya no cometerlo.
Algo muy importante en este contexto es la restitución. Mira cómo expresó Zaqueo su arrepentimiento: "La mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he estafado a alguien, se lo devuelvo cuatro veces más." (Luc.19:8) Si un ladrón está realmente arrepentido, va a devolver lo que robó (y esto voluntariamente, sin que alguna ley o autoridad le obligue a hacerlo). Si un mentiroso está arrepentido, rectificará sus mentiras y hablará verdad.
"metanoeo" = "cambiar la mente".
El pecador arrepentido cambiará no solo su manera de actuar, sino también su manera de pensar. En vez de amar el pecado, ahora lo va a odiar. Peleará la batalla contra la tentación, no solo cuando ya está cometiendo un pecado, sino cuando tan solamente está pensando en un pecado. "...llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Cor.10:5). Ya en su mente, renuncia completamente al pecado y así se separa de él.
También tiene que cambiar el motivo por hacer lo bueno. Muchas personas intentan hacer lo bueno y evitar el pecado; pero lo hacen por motivos que no agradan a Dios. Lo hacen para parecer "buenos" ante los demás. Lo hacen porque sus padres, sus líderes de iglesia, o alguna otra persona les va a reprochar si pecan. Lo hacen porque las consecuencias del pecado son desagradables, y no quieren sufrir. - El pecador arrepentido piensa de manera diferente. Empieza a amar a Dios, y por amor a Dios se decide renunciar al pecado.
Imagínate a dos ladrones que acaban de salir de la cárcel. El primero se dice: "Ya no voy a robar, porque no quiero volver a la cárcel, y la policía está vigilando por todos lados." Entonces no roba; pero solo por temor al castigo. Si tuviera una oportunidad de robar sin ser descubierto, lo haría. - El segundo ladrón se dice: "He comprendido que es malo robar; que he hecho sufrir a muchas personas con mis robos y que Dios está ofendido. He empezado a amar a Dios; y por eso no volveré a robar." Este segundo ladrón no robará nunca más, aun si pudiera hacerlo sin ser descubierto. - Por fuera, los dos van a actuar igual. Pero solo el segundo se arrepintió de verdad; mientras el arrepentimiento del primero es un arrepentimiento falso, sus motivos no cambiaron.
¿Tiene el pecado todavía algún atractivo para ti? Entonces, todavía no te has arrepentido de verdad.
¿Te estás esforzando mucho para no pecar, porque los otros cristianos te podrían mirar mal; pero por dentro sientes que estos esfuerzos van en contra de tu naturaleza, y anhelas una oportunidad de poder cometer algún pecado sin que nadie te podría descubrir? Entonces, todavía no te has arrepentido de verdad; solo has cambiado tu manera de actuar, pero no tu manera de pensar.
Para que llegues a un arrepentimiento verdadero, es necesaria una obra sobrenatural del Espíritu Santo en tu corazón. "Y cuando él (el Espíritu Santo) venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio." (Juan 16:8) Esta convicción divina acerca de tu pecado es lo que te puede llevar al arrepentimiento verdadero, si tú lo deseas. Quizás, hasta ahora, tu conocimiento acerca del pecado es nada más que teoría: "Sí, yo sé que he pecado y que debo arrepentirme." Tú necesitas que el Espíritu Santo te lo diga a tu corazón. Y El lo hará, si le buscas en serio.
Cuidado con las falsificaciones
Con todo esto, podemos entender que muchos "cristianos" en las iglesias en realidad no se han arrepentido. Han hecho algo por fuera (una oración de entrega, una confesión), la iglesia lo ha tomado por arrepentimiento, y ahora los llamamos "hermanos". Pero solo tuvieron un arrepentimiento falso.
Este es un asunto muy serio. No se trata solo de unas distinciones filosóficas. Es que solo el verdadero arrepentimiento lleva a la salvación. Por tanto, muchos de los que creen ser cristianos, en realidad nunca han sido salvos, y siguen en el camino hacia la perdición.
Cuando el evangelista Felipe predicaba en Samaria, se convirtió una persona muy famosa. Era "un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria ... Pero cuando creyeron a Felipe, ... también creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe..." (Hechos 8:9.13)
¡Qué cambio más maravilloso! ¡El mago y engañador famoso, renuncia a la magia, y ahora es un seguidor de Cristo!
Unos días después ocurrió un incidente notable. Los apóstoles vinieron desde Jerusalén y oraron por los convertidos, para que recibiesen el Espíritu Santo. "Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder..." (Hechos 8:18-19) ¿No sería maravilloso, tener otro ministro más que pudiera dar el Espíritu Santo? - Pero Pedro no se dejó engañar fácilmente. "Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón..." (Hechos 8:20-22)
Aquí Simón queda al descubierto. Su arrepentimiento no era verdadero. Por fuera había renunciado a la magia; pero por dentro solo pensaba en sustituirla por otra clase de "magia": el poder del Espíritu Santo. El anhelaba este poder, no para agradar a Dios, sino simplemente para tener poder. Los motivos de su corazón no habían cambiado.
Ahora Simón tiene una segunda oportunidad para arrepentirse de verdad. ¿Aprovechará de esta oportunidad?
- "Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí." (Hechos 8:24)
Muchos de nuestros hermanos y líderes de iglesias actuales pensarían que "ahora sí, Simón se ha arrepentido de verdad." Alegremente le darían la bienvenida (por segunda vez) como "hermano". ¡Y por segunda vez estarían engañados!
Analicemos la reacción de Simón. Primeramente, Pedro le había dicho: "Ruega a Dios". Simón no hizo esto. En lugar de ello, dijo: "Rogad vosotros por mí al Señor..." ¡El no estaba dispuesto a humillarse ante Dios él mismo! (Aquí vemos a la vez el principio del sistema católico-romano, donde el creyente no puede confesar sus pecados directamente a Dios, sino necesita que un "sacerdote" interceda por él. Pero este sería un tema para otro estudio...)
Segundo, Pedro le había dicho: "Arrepiéntete ... si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón". Esto no es lo que Simón pidió. En lugar de ello, Simón pidió "que nada de esto venga sobre mí". En otras palabras, Simón pidió poder escapar del castigo de Dios, pero sin cambiar su corazón. No deseaba el perdón y el agrado de Dios; solo quiso salir de su situación incómoda.
El escritor del siglo II, Ireneo, nos relata lo que sucedió más tarde con Simón:
"El entonces ... se dedicó con un celo aun mayor al estudio de las artes mágicas, para que pudiese aun mejor asombrar y enseñorearse de las multitudes. ... Este hombre, entonces, fue glorificado por los hombres como si fuera un dios; y enseñó que fue él mismo quien apareció entre los judíos como el Hijo, pero que descendió en Samaria como el Padre ... En una sola palabra, él se presentó a sí mismo como si fuera el más sublime de los poderes, el Padre sobre todo..."
(Ireneo, "Contra los herejes", I,23)
De manera tan terrible se desvió el hombre que parecía "arrepentido" y "convertido" por afuera, pero su arrepentimiento fue falso. ¡No nos dejemos engañar!
Ahora, no estoy exigiendo que tú y yo seamos capaces de detectar a todos los falsos convertidos. Por fin, incluso el gran evangelista Felipe fue engañado en el inicio por Simón. Pero algo que sí debes hacer, es examinar tu propio arrepentimiento. ¿Fue tu arrepentimiento verdadero? ¿Es tu corazón recto ante Dios?
Dos reyes arrepentidos
Quiero relatar dos ejemplos del Antiguo Testamento, que aclararán un poco más la diferencia entre el falso y el verdadero arrepentimiento.
El rey Saúl había desobedecido a Dios. Entonces el profeta Samuel reprendió a Saúl: "Por cuanto tú desechaste la palabra del Señor, él también te ha desechado para que no seas rey." (1 Sam.15:23)
¿Cómo responde Saúl?
- "Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento del Señor y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, y vuelve conmigo para que adore al Señor." (1 Sam.15:24-25)
Parece que Saúl reconoce su pecado y está arrepentido. Pero hay un pequeño detalle: Saúl pide perdón a Samuel, pero no a Dios. Saúl entiende que Samuel está ofendido, porque Samuel está en ese mismo momento parado delante de él (y probablemente no con una cara muy amable). Pero al parecer Saúl no entiende que su ofensa contra Dios es infinitamente más grande que su ofensa contra Samuel.
Samuel, el profeta de Dios, vio muy bien lo que realmente había en el corazón de Saúl:
"Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra del Señor, y el Señor te ha desechado para que no seas rey sobre Israel." (1 Sam.15:26) - Samuel ve que el arrepentimiento de Saúl es falso, y por eso no lo acepta.
"Y él (Saúl) dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore al Señor tu Dios." (1 Sam.15:30)
Ahora sale a la luz el verdadero motivo de Saúl: "que me honres delante del pueblo". A Saúl le importaba lo que la gente pensaba de él; pero no le importaba lo que Dios pensaba. Solo quería quedar bien ante los hombres.
"El temor al hombre pondrá lazo; mas el que confía en Jehová será exaltado." (Prov.29:25). Saúl tenía temor al hombre, pero no a Dios. Quería recibir honra de los hombres; pero la honra de Dios no le importaba. Y con este corazón perverso, ¡incluso era capaz de fingir arrepentimiento!
Después de esto, Samuel hace algo significativo: Manda traer al rey de Amalec (a quien Saúl había tomado preso en la guerra), y lo corta en pedazos. Esta había sido la orden de Dios para Saúl: matar al rey de Amalec. Samuel hace aquí lo que Saúl debía haber hecho. Si Saúl se hubiera arrepentido de verdad, entonces él mismo hubiera cumplido la orden - por lo menos después de la reprensión por Samuel. Que no lo hizo, es otra prueba de que su arrepentimiento no fue verdadero.
El rey de Amalec personifica el pecado en nuestra vida. Para nada te sirve confesar "He pecado" y pedir perdón, mientras dejas vivo a un "rey de Amalec" en tu vida. ¿Cuál es el "rey de Amalec" en tu vida, el pecado que todavía toleras, y que desde hace tiempo deberías haber "cortado en pedazos"?
Ahora veremos el caso del rey David. David también cayó en pecado - y si lo miramos de cerca, un pecado más grave que el de Saúl: Cometió adulterio con Betsabé, e hizo matar con astucia al esposo de Betsabé. Sin embargo, Dios perdonó a David, mientras a Saúl no perdonó. Incluso llama a David "un hombre según el corazón de Dios". ¿Cuál fue la diferencia?
En el Salmo 51 tenemos la oración de David, después que fue reprendido por el profeta Natán:
"Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
...Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos...
He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,
Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
...Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu Santo Espíritu."
(Salmo 51:1.4.6.10.11)David se dirige a Dios primero. El está muy consciente de que la primera persona ofendida por su pecado es Dios mismo. "Contra ti, contra ti solo he pecado..." Todo lo demás es secundario.
Después vemos cuál es el anhelo más profundo en el corazón de David. No es la honra ante el pueblo; ni es escapar del castigo de Dios. Su anhelo más profundo es "un corazón limpio y un espíritu recto". Este es el anhelo de una persona verdaderamente arrepentida. No importa lo que diga la gente - de hecho, la gente malinterpretó el comportamiento de David después de su arrepentimiento, y él quedó muy mal ante ellos. Pero David sabía que Dios "ama la verdad en lo íntimo", donde nadie mira. Esto era lo que le importaba más que cualquier otra cosa.
Alguien ha dicho una vez: "Tu integridad se demuestra en lo que haces cuando nadie te mira."
Esta es la integridad que demostró David, y por eso Dios le perdonó. Aunque David también tuvo que sufrir, Dios no le quitó el reino ni la vida como lo había hecho con Saúl.
Dios busca el arrepentimiento verdadero. ¿De qué clase es tu arrepentimiento? ¿De la clase de Saúl o de la clase de David? ¿Es un arrepentimiento solo ante los hombres, o un verdadero arrepentimiento ante Dios quien mira "en lo secreto"?