Querido amigo, hoy quiero hablarte de la multitud de almas que caminan
solas por el mundo, sin recibir el cuidado o la ayuda de alguien. Es
asombroso que el siglo de la comunicación, con tantos medios para
conectarse unos con otros, y saber unos de otros al instante, predomine
el olvido y el desinterés por los que sufren. Es inexplicable que desde
el espíritu cristiano no tengamos los hombres más interés de ayudarnos
en lo esencial. Hoy podemos decir que predomina la cultura de mirar para
otro lado cuando alguien nos necesita.
Nadie da un paso, prácticamente, sin ser controlado por intereses de
todo tipo: sociales, políticos, económicos, etc. Pero del interés por
el bien espiritual de los demás, de cada hombre que se cruza en nuestro
camino ¿A quién le preocupa? Cuando Dios mira el mundo tan amado por
el, sólo ve cantidades enormes de ovejas sin pastor, solas,
desorientadas, recorriendo cada día sin una dirección precisa, sin
objetivos claros, sumidas muchas veces en la angustia de la soledad, del
problema del momento, de la situación lamentable, de la falta de amor,
de la confusión en las ideas, del abuso de aquellos que se dicen
“pastores, siervos o profetas, apóstoles… No, no encuentro mucha
inquietud apostólica hoy. ¿Por qué? ¡Son tantas las razones! Falta fe,
amor sincero, preocupación por el bien de las almas, por la salvación de
todos… muchas veces rezamos, oramos, VENGA A NOSOTROS TU REINO, pero
hacemos poco para que esto sea posible. ¿Vamos a dejar de nuevo sólo a
Jesús en la cruz? ¿Vamos a escondernos otra vez por miedo al qué dirán
los otros, por vergüenza no presentaremos a JESUS como el salvador para
no complicarnos la vida…?
Cualquier cosa a veces es buena como excusa para no hacerlo. Cualquier
opinión en contra de la fe nos desanima. Parece que estamos deseando
encontrar un motivo para eximirnos de nuestra responsabilidad. Jesús
habla a su Iglesia que es divina y humana. El nos quiero santos, pero
comprende que somos pecadores. Y le duele cuando le fallamos y le somos
infieles. Eso le hace mucho mal, y especialmente a los que tienen una fe
frágil. El escándalo es un pecado gravísimo. ¿Qué hubiera pasado si El
se hubiera quitado la cruz de encima al ver la traición de Judas, la
negación de Pedro, y la huida de los demás? Las almas nos deben doler a
todos. Son un tesoro precioso muchas veces cubierto de barro y miseria,
pero que hay que limpiar delicadamente. Las almas son como ovejas solas
que no saben a donde ir, y se pierden, y las ataca el lobo, y sufren
porque no tienen la ayuda de alguien que con amor y la Palabra, las
anime a seguir adelante, o a rectificar el camino, o a desenredarse de
la zarza que las tiene aprisionadas.
No lo dejemos sólo a Jesús. El trabajo es mucho, y el quiere hacerlo con
nuestra ayuda. El fundó una Iglesia Familia, Comunidad, para que todos
nos ayudemos entre sí. No hay lugar en Su Iglesia para los egoístas que
van a lo suyo, y quieren un Dios particular, que salve sus almas en
solitario. Eso no es lo que nos enseño. Lo que nos dijo es que estemos
unidos, un solo rebaño y un solo pastor, que nos amaramos unos a otros
como El nos amó. Que no abandonemos a ninguno de nuestros hermanos, a
ninguna de sus ovejas. No están los tiempos como para ir solos por los
caminos del mundo. Hay muchos lobos sueltos, muchos maleantes que buscan
las almas para destrozarlas y dejarlas tiradas en el camino. ¿No lo ves?
Deberíamos imitar más al Buen Samaritano, pero sobre todo a JESUS, que
dejándolo todo vino a buscarnos. No dejemos de anunciar Su Palabra
aunque sólo sean unas pocas almas las que la esperen, pero cada alma
vale todo el sacrificio de una vida.
A veces nos ocupamos más del templo, un espectáculo para el que sólo
busca la estética y la belleza dulzona y contrahecha! Lo que realmente
vale es el amor, el corazón bien entregado, el afán de almas, la
inquietud verdaderamente apostólica. Todo lo demás es puro espectáculo
pasajero.
¡Por favor! No nos olvidemos de las pobres almas solas. de las ovejas
abandonadas. Amemos mucho a la Iglesia. Siéntete Iglesia, y da la cara
por Su Causa, que sólo es el bien de cada hombre, la salvación de cada
persona en un mundo duro y cruel que sólo busca la eficacia, la fama, el
rendimiento económico, la producción y la riqueza.
Un alma vale más que todo el oro del mundo. No dejes solas las ovejas de
su rebaño, y trata tú de ser un buen cristiano allí donde te encuentres.
Otros harán por ti, lo que tu haces por ellos y JESUS será primero.
Un abrazo de fe y esperanza